sábado, diciembre 5

¿TIENEN VIDA O NO?

Escribo este post justo al acabar de ver La lista de Schindler. Ésta ha sido la tercera vez que he visto la película. Siempre consideré que La Amistad, del mismo director, es una película mejor. En algunos momentos, la Lista me ha hecho dudar, pero después de reflexionar sobre las virtudes cinematográficas de una y de otra, me quedo con La Amistad.

La Lista tiene más trabajo, muchísimo más trabajo, es de factura impecable y es una gran película. Pero La Amistad tiene varios aspectos de verdadera y genuina genialidad: véase el momento en que el esclavo explica la vida de Jesús a través de los grabados de Doré (de un lirismo, de una condensación conceptual, en verdad magistral), véase el momento en que la cámara se mueve para ver de perfil a los magistrados del Tribunal Supremo (ese movimiento es de una fuerza estética tan increíble que uno se queda admirado de lo que se puede lograr moviendo lentamente una cámara). Podría continuar. La Amistad es la mejor película de Steven Spilberg.

Pero no es para hablar de este asunto por lo que he escrito este post. No.
Si me he puesto a escribir a esta hora tardía en que ya debería haber comenzado mis oraciones de la noche, es por el final de la película. Algo que me ha impresionado profundamente.
Al final de la película, Oskar Schindler llora porque piensa que si hubiera vendido su coche, hubiera salvado a diez judíos más. Y si hubiera vendido su broche de oro, a una persona más. En ese momento de la película, con los operarios rodeándole, se ve claramente lo que significa ese broche: una persona más, una vida más por delante.

En ese momento me han venido a la mente el aborto. Algún día, entenderemos lo que hubiera sido una vida más. Después, al escribir este post me he acordado de las palabras de Bono sobre el aborto. Amigo Bono, te llamo así porque tengo un alto, muy alto concepto de ti, no tienes razón. En mi modesta opinión, hubieras sido un gran Presidente del Gobierno. Pero en algunos campos, y éste es uno de ellos, yerras completamente.

Dios ha dado a los seres humanos la capacidad de crear o no nuevas vidas. Pero no ha concedido el permiso para matarlas una vez creadas.

Lo que dice Bono hablando de entendimiento y buena voluntad, no se lo dice a los abortistas, siempre se lo dice a los cristianos. Somos nosotros los que tenemos que ceder. Libertad, entendimiento, comprensión, se traduce en que cedamos.

El mensaje de Bono viene a ser, que cómo no está muy claro si el niño en el vientre de su madre es un ser humano o no, lo mejor es que no seamos fanáticos y aceptemos de buen grado la ley actual y que sigamos matándolos. Ah, y además callaos. Callaos porque ésta es una democracia.

Algún día, él, el político, cuando se presente ante el Juicio, el juicio inexorable, definitivo e insobornable de Dios, del que pende la salvación eterna del alma, sabrá lo que era una vida humana. Como Oskar Schindler, muchos llorarán al ver lo que hubiera significado que a ese niño, ya creado, se le hubiera concedido una vida sobre la tierra.

No matarás.

Las palabras del Dios del Sinaí resuenan con toda su fuerza hoy día. Podemos crear o no una vida humana. Pero una vez creada, no se nos ha dado autoridad para destruirla. Y si un Estado dice lo contrario, no será el Estado el que sea juzgado, sino uno a uno los seres humanos que fueron responsables del acto sangriento. Porque aquí no estamos hablando de libertad, sino de derramamiento de sangre, literalmente de sangre.

Algún día en el futuro, lo que hoy les parece tan normal, hará que otras generaciones se lleven las manos a la cabeza, preguntándose cómo esto fue posible a plena luz del día, bajo el amparo de la Ley, ante el silencio de casi todos. La Vicepresidenta del Gobierno ya nos ha dicho muchas veces que los que defendemos a los niños en el vientre de su madre, no sabemos lo que es vivir en democracia, que vivimos en otras épocas, y que nuestras palabras son intolerables.
Puede que no sepamos lo que es vivir en democracia. Pero sabemos lo que es matar en democracia.

Al final, esa sangre derramada no la derrama la sociedad, sino que son personas concretas. Los responsables de esa sangre son políticos con caras conocidas, con apellidos conocidos. Y algunos aun querrían aun comulgar el Santísimo Cuerpo de Dios. Y soy tan cristiano como los obispos, dijo cierto gallego bajito.

Claro, claro, por eso habéis fundado las juventudes cristianas en vuestro partido. ¿Acaso para fomentar el mensaje de Cristo? ¿O tal vez para organizar mejor las apostasías?

Pero no es el presente el que me da miedo, sino el futuro. Cuando los adolescentes de ahora, sean hombres maduros y con todo el poder de las leyes, de los hemiciclos y de los periódicos a sueldo, se pongan manos a la obra en la tarea de imponer la democracia y los valores constitucionales dentro de la Iglesia. Ese día llegará, sin duda.

Mientras tanto, sólo nos queda ampararnos en el manto de la Virgen María y pedir que los vientos que ahora sembramos, sean contenidos por la misericordia de Dios el mayor tiempo posible. Amén.
Puede que el final del post anterior pudiera parecer pesimista. No lo parece, lo es.
El universo está interconectado. No se puede derramar la sangre de millones de niños y pensar que después no va a pasar nada.

Todo lo que hacemos, tiene repercusiones. Cada acción buena tiene efectos aquí en la tierra, aunque no atisbemos ninguno. Lo mismo es válido para el mal.
Las muchas acciones deplorables que se han cometido durante la última generación siguen acumulándose, sin que el bien logre contrarrestar el efecto de la evidente degradación moral de la sociedad. El mal sigue creciendo.

COPIADO Y PEGADO SIN PERMISO DEL BLOG DEL PADRE FORTEA.
sábado, noviembre 14

sobre el sufrimiento

 
MARIA REINA DE LA PAZ © 2008. Template Design By: SkinCorner